En el primer cara a cara televisado de la campaña, el senador ultraderechista y el mandatario, en empate técnico según los sondeos, cruzaron acusaciones de corrupción y nexos con milicias a una semana de la segunda vuelta. El encuentro comenzó a las ocho de la noche, hora de Brasilia, y fue el primero en que ambos aspirantes se midieron en toda la campaña, porque ninguno de los dos aceptó acudir a los cruces televisados de la primera ronda.
Sin atril y con libertad para recorrer el escenario, los candidatos alternaron entre encararse a pocos metros y hablarle directamente al lente, un formato que la televisión brasileña reserva para estas citas y que deja ver, en cada gesto, el nerviosismo o la confianza de quien habla. Flávio Bolsonaro, senador de extrema derecha, de 45 años e hijo del expresidente condenado Jair Bolsonaro, abrió fuego contra el primogénito del mandatario, el empresario Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha. Su munición fueron las declaraciones de la lobista Roberta Luchsinger, investigada por la Policía Federal por presunto tráfico de influencias, quien la víspera había lanzado en CNN Brasil una ráfaga de acusaciones contra el presidente. «Ella es socia de tu hijo. ¿Dónde está Lulinha?», lo increpó el senador.
Lula, de 80 años, acusó el golpe y respondió que el caso está en manos de la Policía Federal, que su hijo abrió sus cuentas bancarias y su teléfono a los investigadores y que comparecerá ante las autoridades. Desde ahí pasó al contraataque y preguntó con insistencia a su rival en qué había gastado el dinero del banquero encarcelado Daniel Vorcaro, quien en una conversación le ofreció hasta 133 millones de reales (unos 27 millones de euros), una pregunta que el candidato del PL esquivó cada vez que volvió a formularse. La lista del presidente siguió con la vivienda que Flávio compró en Brasilia pagada íntegramente en efectivo, con el señalamiento de mentiroso y con la acusación contra su hermano, el exdiputado Eduardo Bolsonaro, por actuar contra Brasil desde Estados Unidos. El frente más áspero, sin embargo, fueron las milicias de Río de Janeiro, grupos parapoliciales dedicados al crimen, que Lula encarnó en el nombre de Ana Clara Machado, una niña de cinco años asesinada en 2021 por el policía Bruno Dias Delaroli, a quien el senador defendió en su momento y por cuyo respaldo lo tildó de «un miliciano».
En medio de esa tensión, el mandatario giró hacia la cámara para hablarle al padre de su adversario con una ironía que arrancó el único respiro de la noche. «Bolsonaro, dígale a su hijo que Lula es mejor», lanzó.
El ultraderechista replicó con la cifra según la cual el 73% de las personas privadas de libertad votó por el petista, un dato engañoso porque corresponde a las secciones electorales donde funcionan las cárceles, cuyos electores no se limitan a la población reclusa. «Yo quiero el voto del 100% de los presos, incluso el de tu papá», le contestó el líder del PT. De esa disputa salieron dos recetas de seguridad. Flávio prometió declarar «la guerra al narcoterrorismo» desde el próximo año y mantener a los delincuentes «hasta 80 años presos», mientras Lula se comprometió a enfrentar a las milicias y defendió su reforma. «Para el delincuente, cárcel; para eso creamos la propuesta de la PEC de Seguridad», afirmó.
La economía bajó la discusión a la mesa de cada hogar. El senador interpeló a la audiencia con una pregunta doméstica, «Hace cuánto tiempo que no pones un pedazo de carne en tu congelador», y acusó al Ejecutivo de gastar «de manera desesperada»; el presidente respondió que su gestión encontró un país sin reservas, pagó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y llevó el crecimiento al 7,5%.
Lula recuperó terreno al llevar el debate hacia los 26,8 millones de trabajadores que, según los cálculos difundidos durante el trámite legislativo, dejarán atrás la semana de seis días de trabajo por uno de descanso.
El Senado aprobó el 14 de octubre esa enmienda constitucional, que garantiza dos jornadas libres semanales y reduce el tope de 44 a 40 horas sin recorte salarial, y Flávio, que siempre la combatió, terminó votándola junto al resto de la derecha. Cuando el presidente le exigió confirmar ante la cámara si la mantendría, «porque la mentira se ve en los ojos», el senador evitó contestar y prefirió preguntar a los espectadores si su vida había mejorado en los últimos cuatro años. La alianza del aspirante con el presidente argentino reapareció varias veces en boca del mandatario, que la resumió en una pregunta. «Quiero saber. ¿Ya pediste prestada la motosierra de Milei?», interpeló Lula. Su rival intentó atarlo a Daniel Ortega, pese a las condenas que el brasileño ha formulado contra el gobierno de Managua, y recibió una respuesta que reivindicó un camino propio. «Mi modelo es el de Lula, el que generó la mayor inclusión social», replicó.
El choque llega en un escenario de paridad casi absoluta. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% de Lula, y las encuestas posteriores mantienen la incertidumbre, pues Quaest otorgó el 14 de octubre un 46% al senador y un 44% al presidente, con un margen de error de dos puntos, mientras Vox Brasil divulgó este domingo un 51% para Lula y un 49% para su rival en votos válidos.
T/teleSUR