Al caer el sol de este Jueves Santo, el estado Táchira se movilizó en una de sus tradiciones más profundas: la Visita a los Siete Templos. Más que un ritual religioso, la jornada se consolidó como un testimonio vivo de historia, raíces y esperanza.
Lo que distingue a la Semana Santa andina es la dedicación en sus altares. Los monumentos en Táchira son auténticas bellezas visuales decoradas con flores traídas de los páramos que, bajo luces tenues, invitan al silencio y al encuentro íntimo con el Santísimo Sacramento.
En San Cristóbal, las calles y avenidas se transforman en caminos sagrados donde familias enteras peregrinan, haciendo brillar la cordialidad tachirense en cada estación.
Este año, el recorrido cobró un significado urgente. En cada paso, los andinos elevaron una oración compartida por dos causas fundamentales: la unión de las familias y la prosperidad de sus tierras fértiles.
El Táchira no solo camina, reafirma su identidad y su fe en un evento que detiene el bullicio cotidiano para dar paso a la espiritualidad.

T/RNV