Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos enfrentan un aumento en la tasa de suicidios, la cual ascendió en 2023, a 158 efectivos militares activos que acabaron con sus propias vidas. Dicha cifra supera el total de muertes en combate en las guerras de Irak y Afganistán, según evidencia un artículo publicado por el diario estadounidense The New York Times.

El medio revela que los proveedores de servicios de salud mental contratados por el Ejército dependen de los jefes de brigada. Por ejemplo, en la base militar de Fort Riley, ubicada en Kansas, centro de Estados Unidos; aquellos efectivos que solicitan ayuda psicológica son enviados al Departamento de Salud Mental del Ejército, el cual solo dispone de 20 consejeros para atender a los 12 mil funcionarios de las Fuerzas Armadas que requieren su apoyo, situación que deriva en tiempos de espera que duran semanas o meses para conseguir una cita.

Además, los proveedores ocasionalmente poseen historiales médicos irregulares y no evalúan a fondo a los pacientes antes de recetarles medicamentos como los antidepresivos, los cuales incluyen efectos secundarios que pueden agravar la posibilidad de un suicidio.

Otra situación que agudiza la problemática es que los superiores infringen sistemáticamente los protocolos de privacidad y seguridad, por ejemplo, ciertos oficiales exponen públicamente listas de citas psicológicas para los soldados, o discuten abiertamente sobre sus problemas mentales.

T/Sputnik