
Gracias a su color, Rómulo Gallegos identificaba la llegada de la primavera en los llanos y sabanas de Venezuela con la frase; “la primavera de oro de los araguaneyes”.
Este árbol conjuga extrema belleza, colorido y frondosidad. El Araguaney permite disfrutar de estupendos paisajes amarillos, además acompaña la hermosura de la naturaleza venezolana, es muy apropiado para embellecer jardines, parques, calles y avenidas.
En los llanos venezolanos, zona semiárida donde crece fácilmente, deja vistosas alfombras de flores amarillas, principalmente durante los primeros meses del año, caracterizados por ser más secos y calurosos.
El Araguaney se reproduce fácilmente por semilla; presenta crecimiento lento, pero tiene una larga existencia. Se desarrolla espontáneamente en tierras cuya altura oscile entre 400 y 1.300 metros sobre el nivel del mar y alcanza desde 6 hasta 12 m de altura.