Potosí: un pueblo inundado y reaparecido

Hace 1 año.

Fotos: Prensa Dirci.
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Al suroccidente de Venezuela, en las montañas del estado Táchira, hubo un pueblo que oficialmente hace 32 años desapareció para siempre. Un pueblo que permanece aún en los recuerdos de tantos que quisieran regresar el tiempo y a sus calles.

Sumergidas en las profundidades del Embalse Uribante, apostado en el páramo Pabellón, a 1.100 metros sobre el nivel del mar, se encuentran las ruinas de Potosí, un lugar mágico condenado a dejar de existir para dar paso a una represa que contribuiría con el desarrollo regional.

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El Desarrollo Hidroeléctrico Uribante Caparo, borraría del mapa a este poblado. Contemplaba la construcción de un sistema de 3 embalses y presas a desnivel. En lo más alto, el Embalse Uribante y la presa La Honda, para acumular las aguas de las cuencas del Río Uribante a ser turbinadas en San Agatón. Corriente abajo, el embalse Doradas, aún en proyecto. Y al final, el embalse Camburito Caparo, con 2 presas, Borde Seco y La Vueltosa.

El primer desarrollo conocido también como “Leonardo Ruíz Pineda” le echaba la cruz a Potosí, que sería desalojado en 1984 e intencionalmente inundado y hundido hasta la eternidad en el nuevo lago.

A los pobladores de aquel paraíso andino que jamás tuvo tendido eléctrico, les costaba entender que su extinción, a contra voluntad, era necesaria para que lejos de allí, otros si “tuvieran luz” y aportarle al país unos tales “Megavatios”.

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Hoy, muchos hablan otra vez de Potosí, ese pueblo despojado a sus oriundos, porque sus restos, han quedado totalmente al descubierto, tras la sequía que ha traído el llamado Fenómeno El Niño.

El pueblito

¿Y qué fue Potosí? Un pueblo pequeño de espíritu productivo, ubicado en pleno corazón del municipio Uribante, con gente humilde, laboriosa y conservadora, que se ganaba la vida gracias al trabajo del campo.

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Su fundación, según datos de José de La Cruz García, historiador municipal, se remonta a mediados del siglo XIX con el florecimiento del café y la expansión de la frontera agrícola. Era un emporio agropecuario.

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Sus angostas calles de piedra apenas definían perfecta la cuadrícula de la plaza, no así sus manzanas aledañas. Casas coloniales de bahareque, grandes ventanales, puertas de madera y techos de teja, quedaron en la memoria.

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Funcionaba Potosí con lo necesario para la población. Tenía almacén, dispensario, escuelita, prefectura, plaza y una Iglesia.

La iglesia de San Isidro Labrador

La fe cristiana y la devoción mariana caracterizaron a este pueblo “chácaro”, como se le dice a todo nacido en la zona. En 1953, se culminó un templo de 26 metros de altura, en honor a San Isidro Labrador, ese que “quita el agua y pone el sol”.

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Y quien iba a pensar que ocho décadas después, no fue precisamente ese santo, al que desde “niños” tantos imploraron y cantaron por la merma de aguaceros, el responsable de que al embalse que anegó a Potosí, le hayan “quitado” volúmenes gigantescos de agua.

Ha sido otro, “El Niño” el causante de emerger aquel lugar en el que se bautizó, comulgó y/o se casó medio pueblo. Esa iglesia sirve hoy de referencia para la medición popular del nivel del embalse.

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En 1984 fue desmantelada en medio del desalojo de Potosí y sus tres caseríos aledaños: El Cedral, La Isla y La Victoria, en lo que conoció como el Valle del Río Puya.

Las apariciones

Hoy la iglesia de bloque está a la vista de todos, es atractivo turístico de propios y extraños. Aunque no es primera vez. En 1998, apareció parcialmente el campanario y parte del cementerio. El Niño empezaba a causar efectos.

En el 2003, se mostró casi toda. Pero fue en 2010, cuando la sequía disminuyó gravemente la cota del embalse, y en su lecho, la edificación emergió entera.

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En ese momento, muchos buscadores de recuerdos regresaron a ver lo que quedaba, lo que un día fue su hogar. Y con un asombro reverencial, volvieron a santiguarse ante un templo que evoca melancolías e historias a montones.

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Las fotos de la Iglesia de Potosí resurgida de las aguas, sirvieron además para hacer un llamado a conciencia, sobre la situación climatológica del momento, que también tenía al embalse del Guri, el más importante de país, en niveles de alerta.

Seis años después, El Niño afecta nuevamente a Uribante, dejando a la intemperie ya no sólo la iglesia, sino todas sus ruinas en un kilómetro a la redonda.

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La Cruz encendida

Aurora Sánchez de García, oriunda de Potosí, actualmente habitante de Pregonero cuenta que el pueblo se llenaba de alegría cuando los pobladores se reunían a escuchar la santa misa. Los sacerdotes solo iban en festividades especiales.

“Mi padre Máximo Sánchez fue el prior de la iglesia, pero no sabemos que hicieron con los santos, el sagrario y el campanario. Lo único de lo que sí puedo dar fe, es que la punta de la cruz fue extendida para que sobresaliera del agua”.

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Doña Margarita García, quien nació en Potosí y vivió 44 años en la zona, actualmente reside en San Cristóbal, recuerda que su pueblo casi siempre estuvo a oscuras.

Revela que una vez alguien llevó una planta de querosene con la que se suministraba energía a las familias, que improvisaron postes de madera y cableados para beneficiarse solo por 3 horas; de 6 de la tarde a 9 de la noche.

Pero Potosí, no era sólo iglesia.

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La plaza

Fue llamada Plaza Sucre y en su pedestal permaneció un busto de autoría desconocida. Muchos no lo recuerdan con exactitud. Genaro Raúl Rojas, monaguillo en su época, comenta que representaba al prócer Antonio José de Sucre.

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Lo cierto, es que aquel busto fue colocado inicialmente en la plaza de Pregonero en 1942; trasladado a Potosí en la década de los 50, según registro plasmado en libros de la alcaldía del municipio Uribante.

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Años después del desalojo el busto apareció arrumado en el ayuntamiento, fue restaurado por la comunidad y reubicado en la plazoleta del Barrio Potreritos. Por ahí reposa actualmente.

El pedestal permanece firme. Pinta impresionante sobre un tapete de grama verde que adorna el panorama. Parece un campo del fútbol.

También intacta está la banquita de la plaza, esa en la que a muchas de sus mujeres de pelo largo, “echaron” el cuento. Ahora sirve para la foto obligada de visitantes y curiosos de estos tiempos.

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La vía

Su vialidad siempre rural, sólo acogía el tránsito de vehículos rústicos; willys, patroles, toyotas, jeeps. Y los que querían llegar desde San Cristóbal debían tomar la carretera trasandina hacia La Grita y de ahí a Pregonero, El Morro, Las Lapas y Potosí.

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Fue hasta la construcción de la represa, cuando se hizo la vía que sube por Fundación y Siberia, rumbo a Pregonero, con paso obligado por la cresta de la presa y el aliviadero del embalse que se tragó el modesto camino que alguna vez llevaba al pueblo.

Para ir a Potosí, hoy día, debe llegarse vía terrestre hasta el campamento turístico de La Trampa, situado en las terrazas del embalse. Y allí abordar una lancha. La otra opción es en helicóptero.

Los viejos recuerdan que en 1972 Potosí alcanzó la condición de parroquia.

El desalojo

Pasaron años de angustia y resistencia. Llega 1984. El Gobierno y la empresa Desurca emprenden la desocupación del pueblo y las zonas vecinas. El valle estuvo durante año y medio llenándose.

Mireya Pérez, hija de Doña Isabel Mora, relata el proceso de desalojo de la última familia. Explicó que en esa época se vivieron dos realidades.

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La de pudientes que tenían grandes extensiones de tierra y recibieron buena cantidad de dinero para marcharse a la ciudad o el llano; y las familias humildes que no tenían dinero, ni tierra y vivían de la agricultura.

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“Salimos con una mano adelante y otra atrás. No teníamos donde vivir y no queríamos salir de nuestro pueblo. Mis padres fueron unos trabajadores y cuidones de tierras”.

Recuerda -Con lágrimas en los ojos- “Fuimos la última familia desalojada. Con nuestras pertenencias y animalitos, ya teníamos el agua a tres metros. Nos sacaron en helicóptero y chalana. Al otro día, ya el agua había tapado el piso de la casa”.

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Dice que su madre de 85 años aún recuerda anécdotas de Potosí como las fiestas patronales y los personajes típicos como Telefora, que aún deambula por Pregonero. Cree que “Si el pueblo no hubiese sido sacrificado, viviese aún ahí”.

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Recuerdos de Niño

¿Por qué se reviven todos estos recuerdos? Porque El Niño ha traído consigo oleadas de sequía que han permitido que los pobladores hayan regresado a lo que antiguamente fue su morada.

Y ¿Quién es El Niño? Es ese fenómeno climático que se genera en la región ecuatorial del pacífico, que calienta sus aguas e impacta contra el continente americano, ocasionando fuertes y dramáticos cambios de clima de la región intertropical.

Este evento ha afectado a 60 millones de personas a nivel mundial, motivo por el que los Gobiernos de la región han llamado al uso racional de la energía, implementando medidas de ahorro.

Inundaciones en las costas del Perú y Chile, sismos en Ecuador, imposibilidad de paso para buques de gran calado en el Canal de Panamá, sequías extremas en Colombia y Venezuela, son noticias que dan cuenta y que recuerdan la inclemencia y seriedad de este fenómeno.

Venezuela no es ajena a la influencia de El Niño. Una las principales consecuencias es la disminución de las lluvias en todo el territorio y de los embalses de agua que permiten la generación de electricidad para el país.

El Táchira también ha sufrido los embates del fenómeno. Su muestra es el embalse Uribante, en el que yace Potosí, ese pueblo inolvidable, que alguna vez fue expropiado e inundado y que ha reaparecido por esas cosas de la naturaleza que ponen al descubierto, preocupaciones y recuerdos.

Foto: Prensa Dirci.
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