Quebrar en Altamira

Por: Earle Herrera

Joao, Manolo y Giuseppe se asociaron para montar un negocio en Altamira, zona de la ciudad donde es más posible que el alcalde Muchacho gobierne a que un comedero de lo que sea quiebre. La troika de un portugués nacido en Angola, un gallego autonomista y un siciliano separatista garantizaba la fortuna del emprendimiento y el atractivo culinario de una cocina multisápida, como diría aquel hijo de canarios.

Giuseppe, Manolo y Joao no podían imaginar que la señorial Altamira se convertiría un aciago día en el lugar preferido para guarimbear con su bucólica plaza, seductores atardeceres y fálico obelisco. Mucho menos con ese nombre tan napoleónico como un “que galicado”: Plaza Francia. Todo empezó, se quejan, cuando unos generales llegaron a creer que pernoctando en los bancos de la plaza podían tumbar al gobierno de Chávez. ¡Joder!, gritó el gallego.

Las guarimbas hicieron el resto en la desgraciada vida de Manolo, Joao y Giuseppe. Los encapuchados ahuyentaron a todo chavista a 100 cuadras a la redonda, clientela escarlata cuyo color le importaba un bledo al trío de emprendedores. Después vino lo peor. Los pirómanos arremetieron contra los cuadros de Voluntad Popular y PJ que almorzaran en el restaurante “JMG”, esto es, “Joao, Manolo y Giuseppe”. Les enrostraron que mientras ellos libran arduas batallas en el distribuidor, ustedes, los exquisitos extremistas de la MUD, se dan la “dolce vita” en el comedero estilo mediterráneo. ¡Fuera de aquí!

Las mesas del trío de emigrantes quedaron vacías día y noche. Lo mismo está pasando con muchos negocios de la zona. Los chavistas no pueden entrar y a los opositores de PJ y VP se les obliga a salir con la empanada gallega en la boca y la gaseosa en vaso de cartón (ni tan mediterráneo) en la mano. Lo cumbre del asunto es que, cuando Globovisión entrevista a Giuseppe, Joao y Manolo sobre el destino de su restaurante, éstos responden al unísono: ¡Nos quebró Nicolás! O: ¡Nos quebraron los Clap!

Después que el alienado canal se va, salen los encapuchados a cobrar sus respectivas vacunas y unificándoles las nacionalidades dicen al trío de eurodescendientes: ¡Buena respuesta, portus, buena esa!
-¡“Portu”, la tua nonna! -rezonga el siciliano, con el mudo apoyo del devastado gallego.