Libro Chávez: la batalla por la conciencia se alzó como investigación en pro de la ciencia

Hace 3 meses.

La periodista caroreña Nerliny Carucí recibió una mención especial del Premio Nacional de Periodismo 2017 en Investigación, por presentar una antología de largo aliento con “un alto valor comunicacional que logra compilar una serie de enunciados con la sustancia y los principios fundamentales de la propuesta chavista para la construcción de un sistema científico-tecnológico nacional. Esta investigación se materializa en un libro muy bien diseñado y cuya presentación invita a la lectura”, tal como lo determina el veredicto.

El libro, titulado Chávez: la batalla por la conciencia, comienza con un prólogo del prestigioso intelectual brasileño José de Souza Silva, y plantea preguntas problematizadoras: ¿cuál es el objetivo de los pueblos: ser desarrollados o ser felices? ¿Quiénes inventaron las verdades que, hoy, pautan nuestras decisiones/acciones? ¿Cuál es la ciencia que tenemos y la ciencia que necesitamos? ¿Cuáles son las implicaciones que poseen la actividad científica y la ubicación de los investigadores en el espacio social? ¿Con qué intención político-ideológica son creadas las tecnologías? ¿Hay neutralidad en la producción de conocimientos?

Para esta joven periodista, este libro es una compilación de orientaciones que fomenta una cultura para valorar y gestionar los conocimientos en la transformación y la dignificación social.

“Es un texto para la reflexión y el debate. Es literatura para intelectuales, campesinos, estudiantes, innovadores, tecnólogos; sin distinción ideológica. Como ejemplo, reivindico una frase del propio Chávez: ‘No me importa cómo pienses, ni lo que creas o no de Chávez, lo que me importa es que seas venezolano, que seas venezolana, y que lo sientas hasta en las vísceras’. Este texto es para la gente que cree en Venezuela como humanidad, como potencia”, subrayó.

La comunicadora indicó que “esta antología guarda la propuesta de un pensador excepcional que entendió el conocimiento como un derecho humano, y creyó en el fin social de la ciencia y la tecnología: producir alimentos, dignidad y felicidad. Es un libro cuyo contenido nos invita a repensarnos y a movilizarnos para construir una ciencia que responda a nuestros intereses, nuestras necesidades, nuestros sufrimientos y nuestras esperanzas”.

Dijo estar convencida de que, “mientras no nos apropiemos del conocimiento, como construcción social, mientras no empecemos a desarrollar nuestra propia tecnología con códigos libres, permaneceremos entrampados en la colonialidad y en la dependencia. En palabras de Enrique Dussel: ‘Si no inventamos una ciencia que parta de nosotros, no dejaremos de ser sucursaleros’. Es uno de los retos que tenemos: construir una ciencia de nosotros y para nosotros”.

¿Qué se siente que tanto esfuerzo y dedicación en este libro te haya cristalizado como premio nacional de periodismo?

Siento que soy parte de lo nuevo. Que formo parte de una generación que lucha por el conocimiento libre y liberador. Como dijo Chávez una vez, “no hay nada más estimulante que uno se sienta parte de la batalla real, y no de una batalla ficticia o entre papeles nada más”. Por ello, este premio nacional de periodismo debo entenderlo como un salto hacia adelante. Es una deuda que teníamos con Venezuela. Con este reconocimiento, siento que cobra fuerza la necesidad de crear una ciencia con conciencia, y se marca un horizonte a largo plazo.

Este premio es una recompensa al esfuerzo continuado y al compromiso con una profesión que debe reivindicar lo importante. ¡No es fácil decirlo!, pero el periodismo debe ayudarnos a entender los problemas sociales en contexto e invitarnos a escribir propuestas de cambio.

¿Cuál es el aporte que se ofrece a la ciencia y a la tecnología con esta publicación?

Este es un libro que sirve para cambiar el cerebro y para entender lo que nos están haciendo con la colonialidad: que ayuda a ver el contexto de dependencia y el discurso de ‘inferioridad’ en los cuales estamos entrampados. El presidente Hugo Chávez era un pensador excepcional, impulsor de la pedagogía de la pregunta, que entendió el conocimiento como un derecho humano que se construye en función de los contextos en donde surge y según las problemáticas específicas a las que atiende.

El intelectual brasileño José de Souza Silva, tras leer esta compilación, hizo una lectura interesante plasmada al comienzo de la obra: “Es un libro que recoge el planteamiento de uno de los pensadores desobedientes de Nuestra América, la América profunda que no quiere ‘ser desarrollada’, sino que sus pueblos sean felices; no quiere el ‘desarrollo sostenible’, sino la sostenibilidad de sus modos de vida”. Es un libro para creer en nosotros.

Uno de mis mayores anhelos es que el contenido de Chávez: la batalla por la conciencia sirva de insumo a intelectuales de Latinoamérica para crear propuestas teóricas y conceptuales descoloniales que sustenten las intuiciones de este pensador crítico sobre la necesidad de unas ciencias ‘otras’, comprometidas con la vida y con la felicidad.

¿Qué te inspiró a trabajar el aspecto tecnológico desde la visión de Hugo Chávez?

Definitivamente, la razón amorosa del discurso de Chávez y su potencial descolonizador. Chávez plantea el desarrollo de una tecnología bañada en la virtud del amor, de la solidaridad y la conciencia del deber social para pulverizar la dependencia; una tecnología que empodere a la gente de conocimientos y prácticas que no le sean ajenas. En el imaginario de Chávez, el valor de la tecnología está dado en la consecuencia y en el efecto social que de ella se deriva: es una tecnología para el amor, para el encuentro con el otro y para la emancipación. La tecnología no es un fin en sí misma, sino una oportunidad para la construcción de condiciones de vida digna.

Desde el marco de comprensión ofrecido por Chávez, la dependencia científica y tecnológica es “un grandísimo mecanismo de estrangulamiento” que ha impedido nuestra plena independencia. La promesa chavista “donde haya más resistencia, entonces, yo apunto mi cañón”, quizá, es una de las citas con mayor vitalidad para el cambio cultural. ¿Cómo lograrlo? La respuesta es el amor. Estamos obligados no a imponer sino a convencer, como parte de ese esfuerzo supremo para ir desplazando las tecnologías privativas, y para construir un modelo científico-tecnológico nuestro.

¿A quiénes dedicas este galardón?

Desde antes de emprender esta investigación, siempre me ha obsesionado la ciencia, y creo que eso se nota en este libro. Siendo así, este premio lo dedico a la comunidad científica y a su capacidad creadora. Cuando digo científicos, hablo de académicos, campesinos, innovadores; de esa gente que crea conocimiento, lo aplica y lo socializa.

Vaya también mi dedicatoria a los y las jóvenes de la Comunidad Nacional de Tecnologías Libres, quienes hacen grandes esfuerzos para romper la dependencia; especialmente, a mi compañero director Éric Contreras con quien tengo una deuda de camaradería intelectual. Esta dedicatoria también incluye al profesor Guillermo Barreto, exviceministro para Investigación y Aplicación del Conocimiento y expresidente del Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit), por creer en la siembra del pensamiento descolonial de Hugo Chávez, y por haberle dado el impulso económico a la publicación de esta investigación documental.

Agradezco a quienes siempre me han apoyado, a la comunidad de lectores y, especialmente, a Chávez, ese maestro con quien tuve la dicha de compartir 4 años de trabajo en Aló, Presidente, que siempre decía cosas extraordinarias y con una vigencia que no deja de sorprenderme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

T/José Tomedes/ CNP 14 033