Conocer nuestro patrimonio cultural alimentario es un renacer histórico

Hace 3 meses.

¿Cómo hablar de nuestro patrimonio cultural alimentario sin recordar a nuestros ancestros? La alimentación del pueblo venezolano es el resultado del mestizaje propio de América. La fusión de las formas culinarias y tradicionales de los pueblos aborígenes, ibéricos, asiáticos y africanos, a lo largo de los últimos cinco siglos de historia, más la incorporación de otras costumbres de varias regiones de Europa (Italia, Portugual) y de Norteamérica, han dado como resultado nuestro acervo cultural alimentario en la actualidad.

Los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), han llamado a este lado de la cultura: “patrimonio intangible o inmaterial”, lo cual lleva a reconocer y valorar las tradiciones alimentarias.

El Ministerio del Poder Popular para la Alimentación (Minppal), a través del Instituto Nacional de Nutrición (INN), plantea estas líneas para exponer las más importantes modificaciones sufridas en nuestro ámbito alimentario en términos de producción y consumo, que vienen desde la época colonial.

Es importante tener en cuenta, que “la historia de la alimentación es el estudio del origen, la formación, la vigencia y los cambios de los regímenes alimentarios de una sociedad. El régimen alimentario es un modelo cultural cuya formación, vigencia, decadencia y transformación se dan históricamente a un ritmo lento”, según lo expresa Juan B. Calanche Morales, profesor del departamento de Tecnología de Alimentos de la Escuela de Ciencias Aplicadas del Mar, del núcleo Nueva Esparta de la Universidad de Oriente, en su texto Influencias culturales en el régimen alimentario del venezolano.

También, desde la colección de libros del INN Nutriendo conciencias en las escuela para el buen vivir, Trompo de los Alimentos, capítulo Nuestra Alimentación, se indica que “la nutrición es un proceso biológico que se ve afectado por diversas variables económicas, políticas, sociales y culturales, nuestra alimentación es el resultado de una serie de procesos históricos marcados por la dominación y la rebeldía”.

La penetración de nuevos alimentos

En Venezuela, con la llegada de los españoles, se produjo una penetración de nuevos alimentos en la dieta de los pobladores autóctonos de nuestro territorio, con la incorporaron de nuevos rubros a su dieta, con lo que se originó todo un cambio alimentario en el régimen criollo.

Cuando un pueblo acoge los rasgos alimentarios de otros, dicho proceso se conoce como transculturación alimentaria. Algunos cambios fueron temporales en nuestro país, pero otros calaron de manera profunda para fusionarse con lo propio y generar nuevos modelos y culturas. Además, incidieron en los actores de los distintos componentes que conforman el sistema agroalimentario nacional.

La transculturación, entendida como un proceso inevitable del mundo multipolar actual, representa una fuente para expandir los límites del régimen alimentario. Pero el rescate de los valores propios del país, dentro del contexto de diversidad cultural, debe ser la meta para la consolidación de una identidad nacional.

Alimentación humana

La alimentación humana es un proceso durante el cual se toman del mundo exterior una serie de sustancias que, contenidas en los alimentos de la dieta diaria, son necesarias para la nutrición. De esta manera, los habitantes de una región consumen primero lo que produce su suelo nativo, su mundo exterior inmediato.

Así, las comunidades humanas comienzan a intercambiar alimentos para cubrir su déficit alimentario y romper la monotonía de su dieta diaria, vinculándose con su mundo exterior inmediato.

Su régimen y hábitos alimentarios resultan, entonces, de la suma de las producciones alimentarias de ambos mundos, propias y ajenas.

El régimen alimentario aborigen se fundaba en el maíz y la yuca, complementados con alguna proteína animal producto de la caza y la pesca, acompañados del edulcorante natural de la miel y el condimento por excelencia era el ají. En contraposición, el patrón de consumo europeo tenía como base la carne (vacuna, porcina y ovina), el trigo, el vino y las grasas vegetales (aceite de oliva) o animales (manteca de res o cerdo), el azúcar de caña, la sal y las especias de uso tradicional en el viejo continente.

¿Jerarquía alimentaria o poder?

Si bien en un comienzo los aborígenes rechazaron de plano el consumo de azúcar, carne y el vino, éstos pronto tomaron el gusto de los dos primeros hasta hacerlos parte de su dieta. El dominio que ejercieron los europeos sobre los aborígenes a causa de la superioridad de su armamento y organización, hizo que tal poder se extendiera a sus alimentos que fueron colocados en una jerarquía superior a los consumidos por los indígenas.

Así, el trigo fue el alimento por excelencia de los europeos, considerado superior al maíz y a la yuca; además el pan fue identificado con gran prestigio.

Hoy, con la elaboración de distintos recetarios se ha generado el rescate de nuestros distintos bienes culturales y se ha apuntalado al renacer histórico de la gastronomía ancestral.

El Minppal, a través del INN, seguirá empeñado en informar y formar, desde la historia viva, acerca de la complejidad de nuestra cultura alimentaria a nuestra población con herramientas educativas como, por ejemplo, el Trompo de los Alimentos; es decir, tenemos una gastronomía en la que se mezclan tradiciones americanas, europeas y africanas, por lo que debemos estar dispuestos a conocerla a fondo, cuidarla y rescatarla, para fortalecer nuestro patrimonio cultural alimentario.

T/Prensa INN